Biografía de Jorge Claraz (1832-1930)

Parecen signados por la mala suerte los primeros intentos por sacar a la luz la biografía y recopilación de la basta obra de don Jorge Claraz. Hace muchos años, el que fuera Director del Museo Etnográfico de Buenos Aires, Dr. Enrique Palavecino tubo en sus manos 200 hojas escritas en alemán y que eran nada menos que el “Diario de Claraz”, llegado durante su viaje a la zona NOR Patagónica. Aquel fallece y en forma inexplicable tal material desaparece.

Años mas tarde el distinguido historiador e investigador Antonio Crespi Valls, queda impactado por la figura de nuestro personaje, y se dispone a dar a conocer su biografía. Lamentablemente no lo hizo, le dedica inicialmente unas líneas en un “informe” recopilado de la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos de Bahía Blanca (1956), sobre “Franceses en Bahía Blanca” pagina 18/20. “Los Geólogos Claraz y Cristian Heusser”.

Hace años al pasar por el monasterio benedictino “Santa María” (en los Toldos – provincia de Bs. As.) nos encontramos con el Rev. Padre Meinrado Hux, que en 1948 llega desde la Abadía de Einsiedeln (Suiza) para fundar un nuevo monasterio en las llanuras bonaerenses. Este sacerdote, merced a su acceso al actual archivo de la “Fundación Claraz”; a la Biblioteca Central de Zurich y a una colección de cartas obrantes en poder del maestro que tuvo Claraz, Prof. Konrad Escher Von der Linth, publica un pequeño pero valioso trabajo sobre Jorge Claraz (1832-1930-Editorial Pucará-1974), que puso a nuestra disposición.

Origen

La familia Claraz era originaria de Sans le Villard, de la Saboya, mas tarde se encontró en Ville Franche, cerca de Lyon, pero luego emigra a Friburgo (Suiza), Claraz, nuestro sabio, era de nacionalidad suiza.

Georges Claraz, nació el 18 de mayo de 1832, hijo de Don Ambrosio Claraz y de Doña Elizabeth Buchs. Sus padres le regalan 10 hermanos (seis varones y cuatro niñas). Habían nacido 7 de ellos cuando la familia solicitó y obtuvo el derecho de ciudadanía Suiza en Friburgo.

Jorge es un joven inteligente y estudioso, concurre a la escuela primaria del Padre Girard. Los estudios secundarios los realiza en la escuela cantonal. Sobresale en estudio lingüístico, y en química y física. Llega así a la universidad de Zürich (1851). Descubre su vocación por las ciencias naturales, geología y mineralogía.

Tiene un magnifico profesor el Dr. Cristian Heusser que con el tiempo será su mejor amigo y compañero de aventuras, sobre todo el la floreciente población de Bahía Blanca. Por razones económicas de familia deja sus estudios, los que mas tarde (1856) continua en el Centro de Mineralogía (Freiber) y en la Real Universidad de Berlín, queriendo alcanzar el titulo de doctor. Por entonces se produce en Suiza una grave crisis política, económica y sobre todo religiosa. Emigra un total de 15.000 suizos. Claraz fija sus ojos en América.

Y parte el 1856 hacia Brasil. Permanece 3 años. Lo acompaña Heusser. Realizan estudiosas exploraciones y recolecciones de minerales en Minas Gerais. Claraz encuentra algunos diamantes valiosos los cuales remite en 1859 catalogados a Berlín y publican sus estudios en la revista germana “Petermanns Geographische Mitteilungen”.

Como necesita dinero envía sus diamantes a la capital alemana para su venta. Y trabaja también sobre la meteorología en Río de Janeiro. Publica varios trabajos en francés que firma también Heusser.

Espíritu andariego

Estos dos suizos deciden viajar a Chile. Sin embargo, un mutuo amigo en la Argentina, José Siegfried, los convence de quedarse en nuestra patria. Comienzan a ganarse la vida realizando, sobre todo Heusser trabajos de mensuras que les requiere el ex departamento topográfico de la provincia de Bs. As. Ninguna medición fue rechazada. Claraz se preocupa e interesa por la cría de ganado y el comercio de lanas.

El General Urquiza le encomienda un trabajo donde debe acompañar a un contingente de suizos de habla francesa hasta una nueva colonia instalada en Entre Ríos. Aprovecha la oportunidad para preparar colecciones de líquenes, coleópteros y víboras. Son para el museo de historia natural en suiza.

Llegamos así al año 1859 cuando se radica provisoriamente en una estancia entre Azul y Tandil. Estudia a fondo los sistemas de la Ventana y Tandil. Manifiesta en correspondencia a sus amigos que las encuentra despejadas de “indios”, consecuencia del contragolpe de los blancos ante la invasión de mayo de 1959 a la población bahiense.

Claraz vive los acontecimientos políticos de 1861: la batalla contra el indio. Y con ese espíritu de observación innato en él, decide explorar los ríos del centro y sur del país.

Los resultados de estos trabajos llegan a Berlín, Ginebra, y al mismo Zürich. Realiza un magnifico estudio sobre el “conocimiento geognóstico-físico” (parte de geología que estudia la estructura y composición de las rocas) de la provincia de Bs. As. (1863). En “Las Llanuras Pampeanas” (1865) describe, magistralmente todo lo que corresponde a la rama de ciencias naturales. Remite a Ginebra 2 colecciones completas con más de 300 ejemplares de la flora bonaerense.

Otras actividades

En “Antigüedades Bonaerenses” describe cacharros, vasijas, morteros, aros y objetos diversos. Traba relación directa con los caciques Ancalao Coilá y Sinchel; aprende su idioma y deja, al morir una serie de cartas de caciques. Se preocupa del problema de las salinas, sobre la formación de la sal y los yacimientos en la Patagonia. Claraz (1861-1865) se dedica a la plena investigación de nuestra provincia. El botánico P. G. Laurenz, destacará sus estudios botánicos; Estanislao Zeballos su conocimiento del país; el arqueólogo S. Roth lo Felicita por la tarea emprendida; el geólogo alemán Stelzner le pide que le remita sus conclusiones y notas. Pero si valioso fue el trabajo ejecutado a nivel científico por Claraz, lo mas destacable y poco conocido por nosotros es su “apertura” de la Patagonia Septentrional a todo tipo de investigación, descripción y exploración haciéndolo antes que nadie, entre las zonas comprendidas entre Río Negro, Neuquén y el Río Chubut. Fueron estudios de Autentica vocación, sin el patrocinio de nadie.

Incluso siente preocupación por las tareas que venían realizando las colonias en la Patagonia. En 1865 publica una breve historia de los galeses en la Argentina. Y es además un celoso guardián de nuestra soberanía. Digno de destacar su visión de nuestros problemas. Remite en 1875 una carta al Coronel Daniel Cerri donde le hace ver por qué los indios Foyel ya no venían a comerciar a la Patagonia. Le dice a Cerri: “los chilenos los dominan…” “que se vigilen los adelantos de los chilenos”. “que no digan después fuimos los primeros”.

Estanciero en Bahía Blanca

Con Heusser, su compañero de aventura, su ex profesor, y su íntimo amigo, invita a Claraz a solicitar campos y chacras en la sección de tierras de Bahía Blanca. Heusser, que ya había mensurado varias “suertes de estancias” de acuerdo con la legislación de tierras vigentes en aquella época consigue campos para Claraz y para él mismo. Llega a contar Claraz con una extensión de 1.200 hectáreas incluso en la zona de Bajo Hondo.

Claraz toma en serio los cultivos de sus chacras y campos. Hace venir de Suiza un entendido de vitivinicultura don Enrique Decall. Su vino es famoso en toda la zona. La bodega de Bahía Blanca estaba en el campo de Claraz. Sigue sus estudios en la zona y envía sus resultados sobre la ganadería en la provincia de Bs. As. a Suiza (1867/68). Es querido y respetado en la localidad. Buen hermano, invita a los varones que se lleguen a Bahía Blanca. Así lo hace Antonio (1866) que luego se instala en Bs. As. Con un hotel muy conocido en su época, frente a la plaza de mayo, llamado “Europa”. Muchos notables concurrentes, fueron diplomáticos, viajantes, comerciantes y dejaron estampados elogios de dicho hotel en sus relatos literarios.

Luis, Pablo y Julio Claraz, llegaron también al país, forjando una existencia feliz, merced a la ayuda que le prestara su hermano mayor.

Claraz se encariña con Bahía Blanca incluso recibe ofertas -que no acepta- de cargos políticos. Trabaja para la federación nacional de Córdoba, y sus trabajos, si bien no llevan su firma, son el resultado de la desinteresada colaboración de este suizo andariego y verdadero pionero. En “Reminiscencias” demuestra cuanto lo afecto la invasión indígena del 23 de octubre de 1870. Don Esteban Vitalini, se preocupa por su estado de ánimo. Este italiano honesto, trabajador y verdadero amigo de Claraz, llegará a ser su administrador, junto a Heusser, quien lo anima a seguir realizando negocios inmobiliarios. Llega a tener una situación económica muy sólida.

Vuelve a Suiza

En 1882 decide regresar a Suiza. Disuelve su sociedad con Heusser. Recibirá años mas tarde de su amigo el producto de sus negocios en la Argentina. De Zürich en 1896 parte para lugano. Allá seguirá con las costumbres que adoptó en Bahía Blanca. Se levantaba temprano y tomaba mate y buen vino con frecuencia. Gustaba de convivir con la gente humilde. Recordaba siempre a la Argentina y añoraba sus paseos a caballo por los campos bahienses. Mantuvo amistad con C. Spegazzini, Santiago Roth, el Perito Francisco Moreno y Carlos Moyano.

Fallece el 6 de septiembre de 1930. Faltó poco para que cumpliera un siglo de vida

Distribuyó su dinero en obras de beneficencia. Antes de morir creó en Suiza la fundación “Georges & Antoine Claraz” para el apoyo de la investigación de botánica y zoología. He aquí una vida dedicada al bien y al progreso. La vida de un sabio y un pionero que estuvo en Argentina. En la investigación científica a la altura de Darwin y D’Orbigny.